Es fácil sentirse agradecido cuando la vida es buena. La investigación sobre la gratitud me ha demostrado que cuando la vida va bien, la gratitud nos permite celebrar y magnificamos la bondad. Pero ¿qué pasa cuando la vida va mal? En medio de la vorágine económica que se ha apoderado de nuestro país, me han preguntado muchas veces si la gente Puede-o debería-estar agradecida en circunstancias tan terribles.

Mi respuesta es que no sólo será de ayuda, la actitud agradecida es esencial. De hecho, es precisamente en situaciones de crisis cuando tenemos más que ganar al ser agradecidos en la vida. En la cara de la desmoralización, la gratitud tiene el poder para energizar. En la cara de quebrantamiento, la gratitud tiene el poder de curar. Ante la desesperación, la gratitud tiene el poder de traer esperanza. En otras palabras, la gratitud puede ayudar a hacer frente a los tiempos difíciles.

No estoy sugiriendo que la gratitud será fácil o natural en una crisis. Es fácil sentirse agradecido por las cosas buenas. Nadie “se siente” agradecido de que él o ella haya perdido un trabajo o una casa o un buen estado de salud o haya recibido un golpe devastador en su cartera de jubilación.

Pero es vital hacer una distinción entre sentirse agradecidos y ser agradecidos. Ser agradecido es una elección, una actitud prevaleciente que perdura y es relativamente inmune a las pérdidas y ganancias que fluyen dentro y fuera de nuestras vidas. Cuando ocurre un desastre, la gratitud te ofrece una perspectiva desde la cual podemos ver la vida en su totalidad y no ser abrumado por las circunstancias temporales. Sí, esta perspectiva es difícil de lograr, pero mi investigación dice que vale la pena el esfuerzo.

La investigación dice que la gratitud también ayuda a hacer frente a la crisis. Cultivar una actitud de agradecimiento de manera consciente, va formando una especie de sistema psicológico inmune que nos puede amortiguar cuando caemos. Hay evidencia científica de que las personas agradecidas son más resistentes al estrés, ya sea en problemas cotidianos menores o mayores trastornos personales.

Nuestras mentes piensan en términos de comparaciones. Contrastamos entre cómo son las cosas y cómo las cosas podrían haber sido diferentes. Contrastar el presente con tiempos negativos del pasado nos puede hacer sentir más felices (o al menos, menos infelices) y mejorar nuestra sensación general de bienestar. Esto abre la puerta para hacer frente con gratitud.

Recordar el mal puede ayudarnos a apreciar lo bueno. Como el teólogo alemán y pastor luterano Dietrich Bonhoeffer dijo una vez: “La gratitud cambia las punzadas de la memoria en una alegría tranquila.” Sabemos que la gratitud aumenta la felicidad pero, ¿por qué? La gratitud maximiza la felicidad de muchas maneras, y una de las razones es que nos ayuda a replantear recuerdos de acontecimientos desagradables de una manera que disminuye su impacto emocional negativo. Esto implica que el afrontamiento agradecido implica buscar consecuencias positivas de acontecimientos negativos. Por ejemplo, el afrontamiento agradecido podría implicar ver cómo un evento estresante ha dado forma a lo que somos hoy y nos ha llevado a reevaluar lo que es realmente importante en la vida.

Decir que la gratitud es una estrategia útil para manejar sentimientos de dolor no significa que debemos tratar de ignorar o negar el sufrimiento y el dolor.

El procesamiento de una experiencia de vida a través de una lente de agradecimiento no significa negar la negatividad; significa darse cuenta del poder que tiene para transformar un obstáculo en una oportunidad.

Las experiencias desagradables en nuestras vidas no tienen que ser de la variedad traumática para que no podamos beneficiarnos de ellas con gratitud.

Recuerde que su objetivo no es volver a vivir la experiencia, sino más bien obtener una nueva perspectiva sobre la misma. Usted debe ser capaz de tomar una perspectiva redentora. Ésta es una ventaja que las personas agradecidas tienen y es una habilidad que cualquiera puede aprender.

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